Nunca me he puesto a pensar en por qué empecé a beber, por
qué me encanta el alcohol, y por qué le cogí tanta dependencia a esta droga
social. Quizás sea por eso, porque es social.
Siempre me ha costado hablar, expresarme, decir lo que opino
sin parecer prepotente, o que intento cambiar a las personas de parecer. Tenía
miedo de ser hipócrita, de dañar a la otra persona y que me despreciasen por
decir algo inapropiado.
Siempre quise ser aceptada por los demás.
En un principio, me comportaba como una oveja más en un
rebaño guiado por un pastor que a la primera de cambio me mataría para
beneficiarse. Por ello buscaba su
aprobación constante e hice daño a muchas personas sin quererlo realmente.
Cuando empecé a beber, comencé a decir lo que pensaba, y
aunque los demás creyeran que era una imbécil, no me importaba, es más, me
sentía genial. Con el tiempo, aprendí a hablar sobre mí, sobre lo que me
gustaba realmente, sin miedo, sin temor a ser rechazada, sin necesidad de
alcohol. Pensé que era el fin de mi vida social, que todos me odiarían. Pero,
en cambio, gané amigos de verdad, que ahora confían en mí incluso siendo
algunos de ellos personas a las que hice daño. Aun tengo miedo de ser yo misma.
Pero, ahora sé que los tengo a ellos, y que por mucho que sea una loca
incomprensible muchas veces, no me van a abandonar, porque siempre he sido
sincera con ellos, y me conocen como soy, y si sigo siendo yo misma, nunca se
van a decepcionar, porque me conocieron siendo yo, Cristina. [Pero llamadme Calavera
¬….¬]
En un principio, bebía para ser yo misma. Ahora bebo por
diversión y porque esa droga mal vista en una chica de mi edad, me ayudó a
expresar lo que realmente quería decir.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario