La Muerte, poseedora del tiempo de los vivos, le otorgó a los gatos siete vidas para cuidar de la muerte de 7 humanos diferentes. Cuando un gato es acogido por una persona, este se convierte en el guardián del cuerpo que una vez poseía un alma, aunque si una persona no cuida de uno de ellos, los gatos sin humanos se ocupan de los humanos sin gatos. ¿Por qué? pues esto se debe a la preocupación de La Muerte, que desde sus aposentos veía como los cuerpos moribundos de los humanos eran comida de animales carroñeros y pequeños gusanos. Y esto que un alma triste, antes poseedora de un cuerpo ahora presa de aquellos animales le pidió que impidiera que aquello pasara, y La Muerte, demasiado ocupada para ello, ordenó crear unos agiles, astutos, independientes y hábiles animales que se encargaran de guardar la paz de los cuerpos de cada persona. Crearon muchísimos y de diferentes colores, pero les faltaba un alma, la suficiente para poder sentir amor por el ser humano, y no la tenían. Tras largos días pensando, se le ocurrió una idea. Meter en cada gato un alma de los ya sin cuerpo humano. Pero al no poder crear tantos gatos por la oposición de parte de las almas, tuvieron que ordenarle a cada gato guardar los cuerpos de 7 humanos distintos.
Así los gatos se encargaban de los cuerpos de sus dueños, matando y ahullentando a los carroñeros que rebuscaban en sus tumbas, por lo que llegaron a tenerle un tremendo odio a las ratas, ratones, aves (por los cuervos y buitres) e insectos.

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