Empecé a creer en la magia incluso después de que me dijeran y aseguraran de que eran simples trucos, pero yo sin dudarlo la respaldaba diciendo que ellos no la tenían, y mucho menos, sabrían usarla. Además de que la magia en la que yo creía era diferente y mucho más asombrosa que esos simples juegos de cartas y bellas mujeres que desaparecían haciendo despertar la emoción del público con algo tan grotesco y cabe decir fraudulento. En cualquier caso, la cosa no acababa ahí, pues más tarde me vi atraída por la cultura clásica que en un abrir y cerrar de ojos me envolvió con sus imaginativas historias sobre dioses y exorbitantes criaturas míticas. Y debido a mi afán de saber más sobre la Grecia antigua empecé a buscar en páginas web y preguntar a personas sabedoras del tema, hasta que llegué a la filosofía, siendo totalmente perturbada por ella. Ya que algunos de mis pensamientos eran explicados con sorprendente firmeza por aquellos grandes pensadores que me dejaron atónita con cada una de sus teorías, la mayoría impensables o difíciles de razonar. Me parecía increíble que en aquella época pudieran haber personas tan inteligentes y de tal reflexión, llegando incluso a pensar que eran como una especie de ``monstruos´´.
Todo esto, el leer sobre tantas teorías y creer en ellas a menudo, más las deducciones sobre si Dios existe o no, me hizo plantearme en si de verdad me importaba descubrir si su presencia era cierta o un exceso de imaginación por nuestra parte buscando una razón que los hallara en este mundo. Y en cierto modo sé que no, pues es simple curiosidad a una conclusión que de todas maneras puede que no creyera. Por que muy a mi pesar, la verdadera pregunta está en mí cogida de la mano de mi respuesta, esperando que algún día reconozca mi verdadera opinión.



